La Energía
Autor: Centro de Recursos Ambientales Lapurriketa
Acerca de la energía
La necesidad de energía es una constatación
desde el comienzo de la vida misma. Un organismo para crecer y
reproducirse precisa energía, el movimiento de cualquier animal supone
un gasto energético, e incluso el mismo hecho de la respiración de
plantas y animales implica una acción energética. En todo lo
relacionado con la vida individual o social está presente la energía.
La obtención de luz y calor está vinculada a la
producción y al consumo de energía. Ambos términos son imprescindibles
para la supervivencia de la tierra y consecuentemente de la vida
vegetal, animal y humana.
El ser humano desde sus primeros pasos en la
tierra, y a lo largo de la historia, ha sido un buscador de formas de
generación de esa energía necesaria y facilitadora de una vida más
agradable. Gracias al uso y conocimiento de las formas de energía ha
sido capaz de cubrir necesidades básicas: luz, calor, movimiento,
fuerza, y alcanzar mayores cotas de confort para tener una vida más
cómoda y saludable.
El descubrimiento de que la energía se encuentra
almacenada en diversas formas en la naturaleza ha supuesto a las
diferentes sociedades a lo largo de los tiempos, el descubrimiento de
la existencia de "almacenes energéticos naturales" que
aparentemente eran de libre disposición. Unido a esto, el hombre ha
descubierto que estos almacenes de energía disponibles en la naturaleza
(masas de agua, direcciones de viento, bosques,) eran susceptibles de
ser transformadas en la forma de energía precisa en cada momento (luz y
calor inicialmente, fuerza y electricidad con posterioridad), e incluso
adoptar nuevos sistemas de producción y almacenamiento de energía para
ser utilizada en el lugar y momento deseado: energía química,
hidráulica, nuclear,...
Sin embargo, parejo a este descubrimiento de
almacenes naturales, se ha producido una modificación del entorno y un
agotamiento de los recursos del medio ambiente. Así, el uso de la
energía ha acarreado un efecto secundario de desertización, erosión y
contaminación principalmente, que ha propiciado la actual problemática
medioambiental y el riesgo potencial de acrecentar la misma con los
desechos y residuos de algunas de las formas de obtención de energía.

Fuentes de energía
y sus efectos sobre el Medio Ambiente
Hoy en día, la energía nuclear, la energía de
procedencia de combustibles fósiles, la energía procedente de la
biomasa (principalmente combustión directa de madera) y la energía
hidráulica, satisfacen la demanda energética mundial en un porcentaje
superior al 98%, siendo el petróleo y el carbón las de mayor
utilización (ver gráfico).
Producción Energética en el Mundo
|
- 75%: Combustibles fósiles
- 12%: Combustión de madera
- 6%: Energía hidráulica
- 5%: Energía nuclear
- 2%: Otros |
 |
La utilización de estos recursos naturales
implica, además de su cercano y progresivo agotamiento, un constante
deterioro para el medio ambiente, que se manifiesta en emisiones de CO2, NOx, y SOx,
con el agravamiento del efecto invernadero, contaminación radioactiva y
su riesgo potencial incalculable, un aumento progresivo de la
desertización y la erosión y una modificación de los mayores
ecosistemas mundiales con la consecuente desaparición de biodiversidad
y pueblos indígenas, la inmigración forzada y la generación de núcleos
poblacionales aislados tendentes a la desaparición.
Estas agresiones van acompañadas de grandes
obras de considerable impacto ambiental (difícilmente cuantificable)
como las centrales hidroeléctricas, el sobrecalentamiento de agua en
costas y ríos generado por las centrales nucleares, la creación de
depósitos de elementos radiactivos, y de una gran emisión de pequeñas
partículas volátiles que provocan la lluvia ácida, agravando aún más la
situación del entorno: parajes naturales defoliados, ciudades con altos
índices de contaminación, afecciones de salud en personas y animales,
desaparición de especies animales y vegetales que no pueden seguir la
aceleración de la nueva exigencia de adaptación.
El futuro amenazador para nuestro entorno, aún
se complica más si se tiene en cuenta que sólo un 25% de la población
mundial consume el 75% de la producción energética. Este dato, además
de poner de manifiesto la injusticia y desequilibrio social existente
en el mundo, indica el riesgo que se está adquiriendo al exportar un
modelo agotado y fracasado de países desarrollados a países en
desarrollo.
El modelo es un paradigma en el que la
producción energética se sustenta en una visión del mundo en la que el
ser humano es el dominador de la naturaleza y del entorno, en vez de
sentirse parte integrada del mismo, y en el que el consumo se
manifiesta como un grado de confort.

Consumo y energía
La necesidad de aumento productivo de las
sociedades industrializadas lleva parejo un incremento de los bienes de
consumo y la creación de un mecanismo en el que se establece una
equivalencia entre el confort y el consumo. Ello ha supuesto en las
últimas décadas una avidez consumista, en donde el consumo es una
finalidad en sí misma. La acumulación de bienes, útiles o no, el
despilfarro como signo de poder adquisitivo y distinción social, la
exigencia de gasto de elementos perecederos, son consecuencias del
mecanismo de sostenimiento que el sistema económico de las sociedades
desarrolladas ha establecido para mantener la capacidad productiva
creciente que lo sustenta.
Así, la demanda de energía no sólo ha tenido que
crecer en la industria, sino también en los consumidores de los
productos manufacturados, dado que estos precisan mayoritariamente
energía para cumplir con su finalidad. Para satisfacer esta demanda no
sólo de bienes, sino de exigencia de nuevas cotas de confort, se hace
precisa una mayor generación y oferta de energía. Por ello, se ha hecho
necesario dotar de grandes centros generadores de energía excedentaria,
ante la eventualidad de poder satisfacer la demanda que pueda ser
requerida.
El estado del bienestar, ha generado el "estado del gasto y de la dependencia energética".
No es de extrañar por tanto, que uno de los parámetros más importantes
para clasificar el grado de desarrollo de un país, sea su gasto
energético per cápita.
La energía ha pasado a lo largo de la historia,
de ser un instrumento al servicio del ser humano para satisfacer sus
necesidades básicas, a ser la gran amenaza -motor y eje de la
problemática ambiental- que se cierne sobre el planeta, hipotecando la
existencia de las generaciones venideras.
Una de las aportaciones a la solución, o al
menos paralización de esta problemática medioambiental, es lograr que
satisfaciendo las necesidades actuales de energía, ésta sea producida
sin alterar esos almacenes energéticos que cumplen una función de
equilibrio ecológico, y que su uso, además de ser más eficiente, no sea
origen de fuentes de contaminación ni aumento del deterioro actual y
futuro del entorno, evitando el derroche de energía y aprovechando al
máximo la producción realizada.
En resumen, tres son los problemas a los que nos
ha abocado el consumo desmedido de la energía: En primer lugar, un
deterioro del entorno; en segundo lugar, un paulatino agotamiento de
los recursos naturales; y en tercer lugar, un desequilibrio irracional
en el reparto del consumo y uso de la energía.
Ante esta situación, las energías de origen
renovable adquieren un papel primordial, necesario y urgente tanto en
su aplicación como en la difusión de su uso.

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